Abogado, perseverante de la Congregaciòn Santo Domingo Libertador Asunciòn
Apreciados hermanos:
Conocí al Señor Jesucristo en el mes de Febrero del año 1982, en razón de
haberme enfermado de gravedad, pues, llegué a soportar dolores inenarrables físicamente
y sufrir aflicción de espíritu a profundidad. Es decir, anduve transitando las
aristas del ataúd. Ahora, luego de muchos años,entendí que aquella enfermedad era
una gracia de Dios, porque me hizo comprender de su bondad, misericordia, poder
y potestad; de no haberme sentido morir, no hubiese tenido el alto honor de conocer
a Nuestro Salvador Jesucristo, al punto de ser, hoy día, mi mejor consejero, en
las horas en que “converso” con El, arrodillado en mi alcoba, especialmente en la
hora palestina.
Este testimonio lo estoy plasmando en estas líneas, atendiendo al pedido que
viene pidiéndome el Hermano Juan Diosnel Cardozo Vera, hombre consagrado al trabajo
espiritual, verdadero Apóstol de la Congregación Cristiana Pueblo de Dios, a
quién lo escuchamos decir en sus prédicas o testimonios “buscad a Dios mientras
puede ser hallado, lo hallareis si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma,
bueno es Dios al alma que buscare”; imagínense ustedes la profucdidad de estas expresiones,
es asi que puedo anticiparles que he conocido momentos tormentosos en la
vida, pero que a través del tiempo, luego de recibir el sello del Espíritu Santo, todo se
ha disipado.
Me propongo contar, con mucho respeto hacia el lector, con toda la fidelidad
posible, y juzgue usted de acuerdo a su leal saber y entender, la veracidad de mi relato
testimonial, y que como tal es real y verdadero. Contaré lo que el Señor Jesucristo
ha hecho para mí que; hallándome perdido e indigno pecador, me salvo, y hoy me
guarda para si. Me salva del pecado, me guarda de Satán, promete estar conmigo hasta
el fin; El consuela mi trizteza, me prolongó la vida que me ha sido anunciada por los
profetas, instrumentos de Dios; en síntesis, grandes cosas Cristo ha hecho para mí y
para muchos seres.
Antes de entrar de lleno a hacerles conocer la magnificencia de Dios, en lo que
a mi atañe, voy a puntualizar algunas cosas de interés para usted lector amigo. fijese
el dia y la fecha en que estoy narrando este testimonio.
Todos hemos de coincidir que el mundo, a escasos cinco años de la culminación
del siglo XX, se encuentra en terrible confusión, gimiendo bajo una carga de sufrimientos,
de pesares, de temores y de odios. Millones de seres humanos, sin quererlo,
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han tenido que abandonar sus hogares para vivir con la droga en distintos lugares
pestilentes; otros andan por distintos lugares sin hogar en donde descansar; y muchísimos
más que tienen hogar no pueden dormir por temor de los sabotajes, envenenamientos
en lugares públicos donde llueve la muerte. En los diarios de todo el mundo
las noticias son amenazas y amarguras. Sintonizamos la radio y escuchamos voces que
nos cuentan cosas espantosas. Vemos la televisión y nos enteramos que los acontecimientos
mundiales presente son horrores y más horrores.
Cuando recibimos visitas en nuestros hogares, y luego del saludo cordial, la conversación
gira en torno de cosas sombrías y amedrentadoras; los ladrones con guantes
blancos, los banqueros, los poderosos de la tierra, no hacen sino organizar trampas y
dejar en la calle a los incautos que confiaron en ellos, sorprendiendo la buena fe de
mucha gente. Existe pesimismo y deseperación que abruman a las gentes. Pero hagamos
la salvedad que no todo es negativo en la vida, que por ser vida es belleza y exquisitez;
y digamos también que existen millones de seres humanos con mucha bondad,
solidaridad y amor.- Y ello, generalmente, porque han escuchado las palabras del
Salvador Jesucristo: “Venid a Mi, todos los que estais trabajados y cargados, que Yo
os haré descanzar”. Esta es y será siempre una invitación sublime, que la he aceptado
para encontrar esperanza, paz y la felicidad anheladas.
Esta promesa de Dios la he aceptado porque está investida de todo el valor y la
omnipotencia divina, y será cumplida, como se cumple, indefectiblemente, para con
toda persona que, con sinceridad, acoja sus beneficios. Sabemos que las promesas
hechas por los hombres muchas veces carecen de valor en razòn de que falta el poder
para llevar a cabo cosas prometidas, no así del Salvador.
Puedo decir también que la salvación no se consigue ni rezando ante la partida
del ser querido, ni llantos, ni penitencias, tampoco por dinero, ni por otros medios que
no sea por la sinceridad en el Señor Jesucristo, el Salvador que vino al mundo para
redimir a los pecadores. La salvación se consigue sin dinero y sin precio, al momento
de aceptar a Cristo como Salvador personal; y es preciso conocer muy bién, de que
nada sirve las promesas de sanidad del cuerpo, si no se cumple con los mandamientos
de la ley de Dios; “Amar a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti
mismo”; la sanidad del cuerpo vendrá por accesión, como obsequio a la perseverancia,
al cambio sincero que pudo haberse producido en usted amigo lector al recibir al
Señor Jesús como Salvador.
Orar, saber o aprender a orar, a pedirle al Señor sus deseos de Ud., a explicarle
sus inquietudes, sus sufrimientos, desengaños o sus logros y virtudes, podrá obtener
su manifestación a satisfacción. Dios es muy exigente, y a dicha exigencia habrá que
someterse de por vida, en el àrduo trabajo por la SALVACIÒN DE NUESTRA
ALMA, a fin de que en el momento de la PARTIDA obtengámos el descanso eterno.
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Si creemos que la muerte de Nuestro Señor Jesucristo es un hecho histórico bién
comprobado y reconocido en toda la historia de la humanidad, hemos de coincidir que
su vida la ha entregado por y para nuestra salvación. Vale la pena pensar que TODOS
SOMOS PECADORES “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (carta
de Pablo a los Romanos, cap. 3, vers. 23); QUE HAY UN JUICIO VENIDERO “está
establecido a los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (carta de los
Hebreos, cap. 9, vers. 27); QUE DIOS HA PRONUNCIADO SENTENCIA DE
MUERTE SOBRE EL PECADOR “la paga del pecado es la muerte, más la dàdiva de
Dios es vida eterna en Cristo” (carta a los Romanos, cap. 6, vers. 23) QUE DIOS HA
PROVISTO UN SUSTITUTO, su hijo Jesucristo, “el cual llevó nuestros pecados en
su cuerpo sobre el madero … por la herida del cual habéis sido senados” (primera carta
de Pedro, cap. 2, vers. 24); QUE DIOS OFRESE UNA VIDA ETERNA DE FELICIDAD
A TODO AQUEL QUE RECIBE A CRISTO Y CONFIA EN EL COMO SALVADOR
“porque tanto amó Dios al mundo que le diò su unigénito, Hijo, para que todo
el que crea en El no perezca sino que tenga vida eterna”, (Evang. San Juan, cap. 3,
vers. 16); QUE HAY UNA VIDA DE ETERNA DESDICHA PARA TODO AQUEL
QUE DESCUIDA ESTA GRANDE SALVACION, “el que cree en el Hijo tiene la
vida eterna; el que rehusa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la
cólera de Dios” (Evang. San Juan, cap. 3, vers. 36); QUE EL SEÑOR JESUCRISTO
VENDRA OTRA VEZ, “ved que viene en las nubes del cielo, y todo ojo le verá, y
cuantos le traspasaron; y se lamentarán todas las tribus de la tierra. Si, amén. Yo soy
el alfa y la omega, dice el Señor Dios; el que es, el que era, el que viene, el
Todopoderoso. (Apocasipsis, cap.1 vers. 7 y 8).
Ahora bien, la semblanza que antecede puede servir al lector como meditación,
y me adelanto en exteriorizar mi convencimiento de que, en la Congregación Cristiana
Pueblo de Dios obtuve mi sanidad, me la concedió el Señor Jesús por haberlo aceptado
como mi Salvador en primer lugar, por su misericordia, poder y potestad y mi perseverancia,
en segundo lugar.
Suelo decir que existen tres rubros en la vida, muy esencial, para una existencia
llevadera, y son la FE. la EDUCACION, y LA SALUD. Son precisamente la razón de
ser de esta Congregación Cristiana Pueblo de Dios, porque además de evangelizar, de
practicar el bien, la ayuda social, sin mirar a quién, se ocupa de la educaciòn y de la
salud.
Fué en el mes de febrero del año 1982 que llegué a la promesa, vencido por la
enfermedad que venía cerrando su circuito en muchos años. Sufrí dolores en el físico
casi indescriptible, no me permitía ya desenvolverme por si mismo, acompañado de
una aflicción de espíritu muy especial que hacía que mi vida no tenía razón de ser;
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pues cuando el ser humano sufre dolores y decae su espíritu, todo se torna pesimista
y el mundo deja de interesarnos.
Sin embargo, me sometí siempre al cuidado de médicos de primerísima línea, asistía
a los consultorios quincenal o mensualmente, hasta que por último me sometí a la
medicina nuclear, donde tampoco pude encontrar alivio a mis dolores, conozco muy
bien lo que es dolor y el sufrimiento, por haber soportado en forma prolongada, hasta
el momento mismo en que llegué al camino Santo y encontré la promesa y creí y me
alegró sobremanera y sigo hasta esta fecha perseverando con optimismo, aprendiendo
como ganarse la confianza de Dios pidiéndole su misericordia infinita a cada instante.
Créame amigo lector que la sanidad no es sino el obsequio del Señor, es lo accesorio
en este camino Santo; lo primordial, lo substancioso es recibir el sello del
Espíritu Santo para la salvación del alma, por intermendio de los instrumentos del
Señor. He ahí el gran secreto para los agnósticos. Conviene aclarar que la
Congregación Cristiana Pueblo de Dios no es sino la mismísima réplica de los primeros
tiempos de Jesucristo, allí se pracitica la DOCTRINA DE JESÚS, lo digocon
mayúscula porque conviene asimilar bien esta aseveración.
Se practica la Doctrina de Cristo. La humildad, la hermandad, el bien, la solidaridad,
la ayuda, la evangelización se practica normalmente en todos los actos, v.vg.
comuniones, dias de reposo, mesa de concilio, de consejo, etc.; y sus líderes, llámese
Apóstol Principal, ancianos, apóstoles, miembros congregados, Iglesias, etc. realizan
trabajos espirituales constantemente, sin pedir nada. Suele que el Pueblo de Dios “existen
personas con poder de sanidad”, es pura inocencia esta creencia, Lo que en el
Pueblo de Dios se obtiene es el aprendizaje para trabajar por nuestras almas, para la
salvación de la misma en el momento de la partida, luego, como tenemos dicho, el
resto viene por añadidura, es decir la sanidad, la paciencia, el amor,el perdón, la fe,
la caridad, la bondad, la benignidad, etc.etc. y los instrumentos de Dios, actúan como
tal, y es el Señor y nadie màs que el Señor Jesús, quién realiza sus obras, maravillosas
por cierto. Enseña a expulsar del cuerpo los pecados que son enfermedades, como
ser la codicia, ira, imperdón, venganza, envidia, celo, avaricia, idolatria, orgullo, etc.
Decía que habiéndome sometido a la medicina nuclear incluso, no he podido
obtener alivio a mis sufrimientos, y debo decir que, no he obtenido un diagnóstico preciso
sobre mi dolencia. lo cierto y lo concreto es que, cuando llegué por vez primera
a la Congregación Cristiana Pueblo de Dios, en Caaguazù, por referencias obtenidas,
me llamó la atención la amabilidad con que me han recibido, también la pulcra y sencilla
vestimenta larga, y velo en la cabeza de las mujeres, asi como la prédica que escuché
por parte de un miembro de dicha Congregación, es decir, de un hermano en Cristo
como es el trato acostumbrado. Esa prédica me impactó profundamente, proviniendo
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como proveia de una persona desconocida, humilde de condición, de escasa cultura
pero inbuido de sabiduria muy profunda en el campo espiritual, según pude comprobar
luego; era un antiguo perseverante en el camino de Dios, buen instrumento del
mismo, cumplia al pie de la letra los mandamientos, vivía para hacer el bien, hacía
sacrificios diarios, en sus oraciones cotidianas pedia por la salvación de las almas, por
la tranquilidad del pais en todos los órdenes de la vida, por la paz interna y mundial,
por la redención de los pecadores, de los indigentes, de los imposibilitados, etc.
También mi experiencia en aquellos dias del mes de febrero de 1982, fué muy rica
escuchando profecias en la Casa de Oración y salmos diversos que guardo en el
recuerdo como alimento espiritual.
Me ha llamado la atención muy especialmente, que todos los hermanos entraran
a dicho lugar, con los pies descalzos, pero bien vestidos y limpios. En Hechos de los
Apóstoles, Cap.7 vers.33 dice: El Señor le dijo: “Desata el calzado de tus pies, porque
en que estás es tierra santa”.
Esa es la explicación. La verdad es que leí en esos dias: “Tres cosas gratas se
complace mi alma, hermosas ante el Señor y ante los hombres: la concordia entre hermanos,
la amistad entre los prójimos y la armonia entre mujer y marido. Aborrese mi
alma tres suerte de gentes: pobre soberbio, rico embustero y anciano adúltero y necio”
(Eclesiastico 25, v.1/4).
La profecia como todos sabemos, es la predicación inspirada por Dios; escuché
cosas que me han dejado muy curioso, pues el profeta. comenzò anumerando mis
penurias, diciendome que mi presencia en la Congregación Cristiana Pueblo de Dios;
se debía a mi quebrantado estado de salud, que me encontraba enfermo física y espiritualmente
sin poder encontrar posibilidades de sanidad y que, Dios mismo ha señalado
el camino para mí, a fin de ingresar en este ejercito de hombres que practican la
doctrina Cristiana, que muy pronto experimentaría una substancial mejoría toda vez
que me ubique y practique esta doctrina.
Me dijo también, entre otras cosas, que yo estaba señalado por el Señor para ser
predicador Evangelista y hacer el bién, salvar almas, etc..; también me asegurò el profeta
que por la misericordia de Dios iría apartandome de mis visitas continuadas al
médico, también de ingerir demaciados medicamentos y que todo ello se produciría
paulatinamente, en la medida de mi perseverancia. Debo confesar que, mi descreimiento
era grande y fuerte, si bién anotaba y memorizaba tantas versiones proféticas
mi mente no las podía aceptar; y como si todo fuera poco, me augura o asegura que
Dios me prolongará la vida, me impondrá la sanidad que deseaba y que mi vida cambiaría
considerablemente.
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De modo que la sensación de muerte que estaba en mí, desaparecería. Y efectivamente,
de la muerte pase a la vida y esta frágil memoria del hombre, que todo lo
olvida, casi no npuede valorar en su justa medida tanta exquisitez, tanta mansedumbre,
o dulzuara, y la verdad es que venia escuchando la palabra de Dios. Creo firmemente,
hoy dia, todo lo experimentado y practico con gusto aquella Doctrina Cristiana.
El dòn de la profecia, oración, sanidad, visión, interpretación, escudriñamiento, y
todos los dones bíblicos aparecen en la Congregación Cristiana Pueblo de Diosy en
forma muy efectiva, porque los hermanos y las hermanas congregados, trabajan fielmente
por esta doctrina, es decir cumplen con las normas.
Trascurrieron los meses y los años, con la clara verdad que, se han cumplido
todas las profecías y hoy me encuentro sano y bueno. Cuando llegué a la promesa, casi
no podia mantenerme de pie, mi rostro pálido cual la luz de los luceros, desganado,
con mucha aflicción, no podía subir las gradas, mi pierna lado izquierdo iba atrofiandose
y aún así, con mucho esfuerzo seguia trabajando en la medida de mis fuerzas para
subsistir.Omito contar una serie de testimnios espeluznantes, a fin de evitar discuciones
bizantinas, inútiles e intempestivas, pero como referencia anoto lo que dice
Apocalipsis cap. 7, vers. 13 “Y vi que de la boca del dragón, y de la boca de la bestia,
y de la boca del falso profeta salian tres espíritus inmundos, como ranas, que son los
espíritus de los demonios, que hacen señales …”, puedo asegurarles que así es. Es decir
que Dios, por su misericordia, para el descreído a quién ofrese salvación y sanidad, le
demuestra fehacientemente que de espíritus inmundos o pecados está lleno el cuerpo
humano; y ellos son expulsados merced a la oración y perseverancia del interesado a
la salvación del alma.
También omito el relato de otros pasajes verídicos, experiencias de la más
increible crudeza en todo el transcurso de mi lucha por asimilar todo lo bueno y noble
de este trajinar en el camino Santo, que siempre estoy transmitiendo a viva voz en
momentos de prédica en la Casa de Oración, pues, de ese modo puedo satisfacer preguntas
aclaratorias que, en un escrito como éste se torna difícil por lo lacónico de su
contenido. Mi testimonio me otorga la posibilidad de escribir un opúsculo, único
modo de contar en toda su dimensión lo vivido hasta ahora practicando la doctrina
Cristiana. Lo haré ?, Dios sabrá.
Siempre digo que me siento feliz de haber obtenido esta Gracia del Señor, pues,
me mantengo siempre limpio y con la conciencia del deber cumplido en todos mis
actos; y suelo recordar a mis hermanos que nuestra fé no está fundada en la sabiduría
de los hombres sino en el poder de Dios, y el espíritu que Dios puso en nosotros, nos
desea, nos anhela, nos codicia celosamente.
Puedo decir hermanos, que los remolinos tormentosos de la vida son siempre
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severos, y Dios se vale para desgarrar el velo que cubre los ojos y apartar el obstáculo
que cierra el oído. Mi testimonio me permite asegurar que la fé es la misión clara
de una realidad indiscutible. Lo ocurrido me hace pensar que Dios hace su obra de tal
modo que el ejercicio de la creencia sea sencillo y muy espontáneo en el hombre; para
creer basa querer, porque la realidad de Jesucristo es inconmensurable y transparente
que no puede desconocerse mirándolos con justicia, El es quién realiza y tiene en sí
todos los valores que el hombre puede mirar con cuidado en este mundo, pues, pudiendo
envanecerse, elige para sí el dolor, la pasión, la muerte en el madero; antepone la
desgracia a la felicidad, porque ha preferido servir al hombre, morir por él y redimirlo
de sus pecados. Todo perdona, pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no
le será perdonado.
Si tú lector amigo, tienes fé, si crees en el Señor Jesús, si no estás ajeno a las
obras de bién que realiza normalmente tal como surge de este testimonio, si sientes
amor El, todo lo que has leido ahora, se revertirá en aroma que perfume tu alma y bienaventuranza
que alimente tu dulce corazón.
Decía que, dentro del descreimiento que me envolvía, durante mucho tiempo de
estar escuchando la parabra del Señor, la verdad es que dentro de ese descreimiento
penetraba en las fibras íntimas de mi sentimiento algo que nunca he podido captar, una
esperanza pura y sincera de lo que significa el cambio de la vida mundana, a la vida
espiritual. Son dos estilos de vida totalmente contrapuestos, así continué perseverando
y cada 8 dias me hacia presente con mi esposa en el Redil 1º de Mayo de Caaguazù
y no puedo decir que alguien podría conocer mis antecedentes, ni imaginarse lo que
venía sufriendo mucho tiempo, el sufrimiento es algo que uno lleva consigo y el interlocutor
jamás puede tener la idea de lo que ello significa, de modo que escuchaba profecias
extraordinarias, como ser, que recuperé mi buena salud que mi alma sera salvo,
si es que persevero, y todo me parecia un sueño; ahora puedo decir que es una realidad,
sencillamente realidad, y creo en la salvación del alma para la vida eterna. Amén.
Quiero insistir en que la SALVACION DEL ALMA no es algo que se consigue
después de una experiencia gradual o de un procedimiento que requiere mucho tiempo
a perfeccionar; no es algo que solamente se adquiere después de muchos esfuerzos
y contínuos ruegos, al contrario, la palabra de Dios enseña que la persona que confia
realmente en Cristo para la salvación de su alma está salvada desde el momento de
poner su fe sin reservas en el Salvador. Cristo ha dicho, “de cierto os digo: el que oye
mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación,
más pasó de muerte a vida” (Evang.S.Juan, vers. 24) Y efectivamente, cuando recibí
el sello del Espíritu Santo en la Congregación Cristiana Pueblo de Dios, Redil 1º de
Mayo -Caaguazù- comencé a experimentar el alivio espiritual extraordinario del que
estoy gozando hoy dia.
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En apretada síntesis estoy diciendo lo que he pasado en estos trece años de perseverancia,
y también matizando con los pasajes bíblicos que están leyendo. Si tuviésemos
la oportunidad de reunirnos en cordial coloquio, escucharía en vivo detalles
increibles de lo experimentado por mí, de la grandeza, de la omnipotencia del
Todopoderoso que me ha mostrado y que muestra a todo a quién busca su doctrina.
Existe una realidad palpable, cuando observamos que, aparentemente, hay más
Cristianos que antes, más devotos a los Santos, más cruces y medallas en los pechos,
pero, menos cumplimiento de los mandamientos divinos.
Ser Cristiano es modelar la vida, caminar por el estrecho sendero absteniendose
de las tentaciones mundanas en lo posible, con prudencia, y respeto hacia nuestros
semejantes. Dice el Señor “este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está
lejos de mí; en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos”;
de modo que, conviene practicar la doctrina Cristiana y todo lo bueno vendrá por
añadidura.
No quisiera dar la palabra final a este testinomio, sin antes recordar que “somos
perseverantes del camino de Dios porque somos creyentes del Evangelio de Nuestro
Señor Jesucristo justificados por la fe en su palabra y en los méritos de su sangre
redentora. Creemos en solo Dios Todopoderoso, que subsiste en una Trinidad de personas
Padre, Hijo y Espíritu Santo, las cuales son coetáneas y de igual dignidad y
poder. Creemos en la obra redentora del Espíritu Santo, para la regeneración y santificación
del hombre” (Declaración de fe de la Congregación Cristiana Pueblo de
Dios, con Personeria Jurídica, Decreto Nº 14.336/28-VII-92).
Hermanos: podrémos creer o no en este testimonio, pero su lectura penetrará en
nuestros corazones como medicina formidable para pretender una vida feliz; San
Agustín decía que Dios es paciente porque es eterno. Lo cierto es que en Dios vivimos,
nos movemos y somos. (San Pablo)
Por último puedo decirle hermano, que cuando debas implorar el perdón de
Dios, no vaciles en hacerlo. El Señor quiere perdonarte, porque quiere salvarte y para
que tu perdón y el de todo aquel que lo busque sea un hecho, envió a su propio hijo,
quién “vino a buscar y salvar lo que se había perdido” (San Lucas 19:10). Así obra el
Todopoderoso, como lo hizo conmigo. Nos busca donde quiera que estemos para ofrecernos
la flor de su amor, QUE ES EL PERDON. Que Dios nos bendiga a todos para
que recordémos siempre que no hay nada más grande ni más digno que perdonar.
Cordialmete con la Paz que el Señor pondrá en tu Corazón.
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