Testimonio de la Hna Cristina Mazzonetto

Congregada en la Congregaciòn Central Santidad.

En 1986 en Padua, entre el termino de enero y el comienzo de febrero, recibì el

sello del espiritu santo. Me arrodillè en un momento de grave desesperaciòn sin creer

que pudiese ser algo determinante en mi vida. A pesar de ser testigo de la milagrosa

sanidad de mi mamà (se sanò de un cancer a la tiroide) no quise perseverar porquè sentia

una potente rebeldia hacia Dios y todas clases de reglamentos. Despues de un año,

causa un fracaso en el trabajo, se abriò momentaneamente esa puerta de hierro forjada

de razones y de ateismo que cerrava mi mente y me arrodillè por primera véz con

verdadera reverencia hacia el poder de Dios invocando su perdòn y benevolencia. Al

despertarme el dia siguiente por primera véz en la vida supe lo que eran el gozo y la

felicidad.

Abrì los ojos al termino de un sueño tan claro y impactante: me encontraba en

una carroza con mi tia y mi abuela y estabamos alcanzando el traguardo de la salvaciòn

en un triunfo de gozo y de alivio. Lo que dejabamos atràs era un terrible panorama de

ruinas y de desastrosos acontecimientos. Esa sensaciòn de libertad se instalò en mi por

una semana durante la cual se apartò una dolorosa pesadilla que, sin aparente causa, me

habia agobiado desde niña. Inutiles las consultas con diferentes tipos de doctores y filosofias

médicas: no conocemos la causa de tu problema, decian, y persistia el panorama

de angustia y problemas para mi y para mi familia como consecuencia.

Hasta hoy confirmo que existen poderes misteriosos y ocultos que influencian

nuestros sentimientos, nuestras ideas, nuestros comportamientos. Provè con suficiente

claridad que son de diferente y opuesta natura y encontrè por fin el nombre de la

enfermedad que me agobiava: aflicciòn de espiritu causada por espiritus malignos.

Después de esa experiencia comenzè a perseverar un poco. Todas veces que volvia

a luchar con toda fuerza en contra de aquel Dios que me parecia esclavista exagerativo

y poco comunicativo volvia la aflicciòn de espiritu. Ultimo de mis programas:

viajar a Paraguay.

Me parecia la càrcel màs sin sentido del mundo, adonde la gente voluntariamemte

se resignaba bajo un régime adecuado para los presos. Me reia de las profecias en

que me anunciaban un viaje a Paraguay adonde Dios me abria libertado de todas cadenas.

No puedo describir la sorpresa quando decidì, en marzo 1988, unirme al grupo de

hermanos que iba a viajar para participar en la fiesta de abril. Yo no podia creer a lo

que estaba haciendo y seguì protestando hasta durante el viaje en el avion: nadie me

habia invitado, Dios mismo me estaba empujando en contra de mi voluntad.

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Las primeras tres semanas de mi estadia fueron un infierno de contradicciones

porquè a medida que iba confirmando la existencia de Dios màs aumentava mi sentimiento

de impotencia por no poder huir de él sin provar acuse en la conciencia.

El 10 de Abril de ese año marcò el dia del rescate de mi conciencia y se levantò

esa niebla de amargura y de opresiòn que me acompañaba desde mi nacimiento.

Fuè una experiencia exaltante: percibì con asombrosa claridad el levantamiento

de la cortina pesada y negra y en su lugar se ubicò una alegria inexplicable que solamente

Dios podia derramar. Lo màs increible fuè que esta sensaciòn de novedad la

percibì en contemporanea con el levantar del sol. El mismo fenòmeno que occurria

hacia el orizonte durante la presentaciòn de los salmos se verificò en mi: saliò el sol.

Hasta hoy no puedo olvidar esa semana en que se revolucionò mi vida hasta perder

la sensaciòn de la fuerza de gravedad y creer de caminar sobre una almohada en un

metro de altura del piso: nada de problemas, todo era lindo sencillo y maravilloso.

En los siguientes años la batalla fuè continua para asegurar mi creencia. Una

nueva llave de lectura de la realidad me ayudò a descubrir y apreciar muchos valores

de la doctrina cristiana. Sobre todo naciò un gran amor hacia Jesùcristo y una fè absoluta

en su existencia y en la validez de la verdad que el propugnaba.

Después de numerosas cortas estadias en el comienzo del año 93 madurò la deciciòn

de viajar a Paraguay para quedar un año y hasta hoy vivo en un pais extranjero y

en muchos aspectos hostil para agradar a Dios y honrar la creencia que adquirì.

Los primeros cinco años lo pasè sin poder dedicarme a ninguna actividad porquè

no tenia el soporte de la salud. Mucho llorè porque no podia ir a cosechar algodòn

que era mi gran diversion.

En el año 1997 comenzò mi provechosa experiencia con los niños de la congregaciòn.

Agradezco a Dios por darme la constancia de seguir con esta tarea que yo valoro

mucho. Pienso que solamente tratando a los niños con interés y amor, esforzandose

para demostrarle que son importantes se puede engendrar en ellos el sentimiento de

sano interés para ellos mismos y para su projimo.

Se comenzò con una cantina para recaudar fondos que fueron utilizados para

fabricar equipos de danza y de football pero faltaba algo.

Para poder enseñar algo valioso se precisaba un lugar adecuado dedicado ente-

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ramente y solamente para ellos. El primer impulso de todos los voluntarios que participaron

de un comienzo a este trabajo con los chicos fuè de recaudar fondos para

costruir la nueva “canchita”. En el año 2000 se realizò el plan de un “taller -escuela”

de casi 400 mts quadrados.

Estan previstos tres amplios talleres para diferentes aprendizajes.

Una de las actividades, vuelta a la recaudaciòn de fondos, se desarrollò sorpresivamente

y ahora està funcionando un laboratorio de artesania que ofrece muchas

perspectivas. Podria ser un serio fuente de trabajo para muchos y ya hay unos cuantos

que alcanzan buenos resultados econòmicos.

No se perdiò de vista el objetivo de incrementar interés y esfuerzos a favor de la

niñez para defender sus derechos. Ahora hay la perspectiva concreta de costruir el taller-

escuela.

Solamente hay un pero. Lo que no puede funcionar es tener un maravilloso edificio

sin que haya quién tiene el interés de enseñar y dedicarse con entusiasmo a esta

tarea. Para poder trasmitir el amor al projimo con el ejemplo.

Encuentro que falta mucho entre los adultos la conciencia de ser parte de una

comunidad, de una sociedad, donde se puede lograr mejorar la vida atravéz de un

esfuerzo comùn. Para arreglar una calle, por ejemplo, solamente si se unen las fuerzas

y las voluntades se puede. Serà mas facil después caminar para los ancianos, transportar

materiales, y quando llueve no saldràn a la luz los caños de agua, todos tendrian

provecho.

Y si tenemos que unir los esfuerzos para arreglar una calle, que seria para enderezar

a los arbolitos jovenes para que crezcan bien derechos y se conviertan en buenos

hombres y, porque no, en buenos cristianos?

Una golondrina no hace primavera.

Yo siento un contentamiento por el trabajo que Dios me permite de hacer y siento

que para mi es también un valioso trabajo espiritual porque, si quiero, puedo crecer

en amor en paciencia y caridad.

Lo que mas me agrada y me convence en este camino espiritual es la grande

democracia de Dios: todos tenemos igual oportunidad de mejorarnos y de progresar

diariamente con la capacidad que el nos otorgò y asì quiero seguir haciendo el esfuerzo

de agradar a Dios en todas las oportunidades.

Amen.

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“El cantar de la Santidad” grupo de salmistas, integran los hermanos Juan Diosnel Cardozo Vera,

Dario Benitez Ferrari, Victor Noguera y Pablo Nuñez.

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